Ser y tener [por Aníbal de la Torre]

Acabas de ver el comienzo de la película-documental “Ser y tener”; el director quiso mostrar de alguna manera el entorno de la escuela donde se rodó, pero yo alcanzo a ver una metáfora adicional, la de que el proceso de aprendizaje de una persona es muy lento, no sólo por las múltiples relaciones que existen entre las diferentes disciplinas del conocimiento, sino por el vínculo que a su vez tienen todas ellas con las capacidades y sentimientos que presentan los aprendices.

El sistema educativo, consciente de ello, ha garantizado la expansión en el tiempo de la permanencia de los escolares en la institución. Sin embargo ha destrozado el acto educativo en sí mismo, convirtiéndolo en sucesión de píldoras temporales de menos de 55 minutos, en las que especialistas en diversas disciplinas, que no en su didáctica, van circulando de forma inexorable por un entramado de aulas, pasillos y cotas, volcando la sección informativa que corresponde a cada momento y lugar.

Para garantizar esto, en muchos casos, tanto la dialéctica educativa, como las propias legislaciones que desarrollan el curriculum, se construyen mediante procesos muy similares a los que se usan para programar ordenadores. Estos días hemos podido, por ejemplo, contemplar el nacimiento de una herramienta informática que genera programaciones didácticas basadas en competencias que conecta a su vez con un generador de unidades didácticas incluyendo relaciones con las progrmaciones, objetivos, criterios de evaluación, etc. Todavía ando recuperándome del impacto emocional que me ha causado.

La aparición de las competencias básicas debería haber aglutinado píldoras formativas en unidades más globales e interdisciplinares; pero no, su aplicación está propiciando justo lo contrario, que cada unidad formativa disciplinar sea desgranada en subpíldoras que contemplen diversas competencias tratadas. Trabajar las competencias desde la perspectiva actual de asignaturas es materialmente imposible por muchos generadores informáticos que seamos capaces de desarrollar.

Equivocada y desgraciadamente, la tecnología irrumpe en las aulas para acelerar aún más el proceso que ya era vertiginoso, para hacer llegar de manera más ¿efectiva? la información necesaria a nuestros alumnos o para tenerlos un poquito más ¿motivados? ante todo este despropósito. Sinceramente, creo que ha llegado el momento de que cada uno de nosotros propicie un ruptura total con todo este sistema; estoy plenamente convencido que la ruptura completa es la salida más fácil y educativamente efectiva que podemos abordar, y la que más felices puede hacer a educadores y educandos. De hecho, la “integración de las tIC” es uno de los conceptos que creo más daño ha hecho a la educación últimamente. Dos claves para conseguir esa ruptura:

Espacio / Tiempo

Tocar los espacios educativos no queda a nuestro alcance, no podemos derrumbar tabiques en la escuela, pero sí podemos salir, sí tenemos que derrocar ese miedo impuesto por la sociedad a movernos con nuestro alumnado por lugares donde se pueden aprender cosas, o donde simplemente se pueden contemplar y disfrutar otras: mañana de trabajo en una biblioteca pública, educación física en un parque, mediciones constructivas de la iglesia, etc. Internet también se pone a nuestro servicio para salidas mucho más ambiciosas de intercambio con otras culturas o lugares.

Sin embargo, el tiempo sí está bajo nuestro control, y sólo se trata de ir más despacio; despacio no es sinónimo de menos, el ritmo legal nos lo marcan los criterios de evaluación establecidos que son muchísimo más benevolentes con el tiempo que los contenidos que terminan desarrollando las editoriales de libros de texto. El tiempo lo debe marcar sólo lo que ocurre en el aula, los avances que nos muestra el alumnado en cada momento, la evaluación permanente de los procesos; si analizamos lo que está ocurriendo a través de un examen que se produce al final del periodo entonces ya no hay tiempo a reaccionar ni modificar nada.

Aprender haciendo y tecnología

La propuesta de ruptura total más factible es elegir una unidad o bloque de contenidos y plantear uno o más proyectos de trabajo para nuestro alumnado, prescindiendo de todo lo que se parezca a libro de texto analógico o digital. No necesitamos formación demasiado específica para pedirles que elaboren en equipo un documento, o que expliquen mediante una presentación de fotos las ideas fundamentales del tema, o que comenten determinado tipo de noticias en un blog, o que construyan un dossier matemático sobre la parroquia del pueblo, o que graben con la webcam una pequeña entrevista simulada a un personaje histórico donde se le pidan explicaciones de sus actuaciones, o que jueguen en el seno de una red social a debatir alguna idea científicamente explosiva, o que…

Esto, como experiencia aislada experimental de aula resultará un fracaso en cualquiera de las miles de modalidades que se nos puedan ocurrir, pero como metodología constante generalizada a todas las materias, a ser posible de forma interdisciplinar, creo es el mayor revulsivo que nuestra educación necesita. Introducir en nuestras aulas ese tipo de dinámicas de trabajo, sin limitaciones temporales más allá de los criterios de evaluación establecidos es la única salida que tenemos, no sólo para responder al tipo de ciudadanos que esta sociedad nos está demandando, sino para conseguir profesores y alumnos más satisfechos y, por qué no, felices.

Aníbal de la Torre

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04

10 2010

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    Me encanta la idea de ruptura, Aníbal. Sabes que estoy convencido con esa idea. Y me da fuerza leerte. Porque luego, en el aula, las dudas se multiplican. Las presiones de las familias, el alumnado renuente, la administración vigilante, los juegos de poder internos en los centros educativos en los que cometer un error se puede pagar caro…
    Pero aún así, hay que hacer una apuesta de aula por esa ruptura. Que no siempre es sencilla pero que es el único camino.
    Si acaso, y por esa tradición que tenemos tú y yo de matizarnos (y que me encanta, compañero), comentar que aprender haciendo también es una denominación complicada, creo. Y es que la usan muchos para criticar, injustamente, este tipo de aprendizaje, para caricaturizarlo como mero activismo ("como pollo sin cabeza", he oído recientemente). Olvidando todo lo demás que tú muy bien señalas. Que ese aprender haciendo implica contexto y reflexión. Que requiere lo que tú muy bien indicas al principio: tiempo…
    Felicidades por el post! :)


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